Nueve días...
Queda muy
poco Señor, para volver a encontrarnos en esa bendita umbría que son las
entrañas de tu paso. En ese reducido espacio, en el que sólo tienen cabida los
privilegiados que te llevamos por las calles, toman forma las peticiones, las
oraciones, los agradecimientos, las penas y las alegrías, el recuerdo por los
que se han ido y la alegría de los que nacen en el seno de nuestras familias, y
se meten por los huecos de la parihuela, entre los respiraderos, en el palo de
enfrente, para hacértelos llegar cuando llega el instante exacto de la
cercanía, la intimidad y el mudo diálogo unificado en cada uno de nosotros,
personal e intransferible, para que Tú lo gestiones según valores cada
“expediente”.
Apenas nueve
días nos separan de ese primer momento, oscura la iglesia y en silencio, en el
que tus hermanos de uniforme azul y guante blanco, que protege nuestra tierra
desde el aire, te acerquen al portentoso paso de Guzmán Bejarano; los priostes
te icen sobre las cabezas de los presentes, y nosotros coloquemos el paso justo
en esa posición que permitirá que Tú quedes situado en el centro del mismo y
acapares con tu solemnidad todas las miradas.
En ese
momento, Señor, todo se ofrece, todo se perdona. En ese momento nacemos de
nuevo, estrenando el alma para ir dándole uso, dotándola de finalidad a lo
largo del año, hasta volver aquí, a cada domingo de pasión, para recibirte por
vez primera cada cuaresma, y que todo reciba la justa dosis de importancia, conectando
todo lo que hemos pasado en estos trescientos y pocos días, con todo lo que Tú
representas, a través de ese cable especial que son tus pies hundidos en las
andas. Desde las trabajaderas, te llevamos, te sentimos, te esperamos…pero no
te tocamos. Nuestras manos no te alcanzan, porque quedas muy por encima de
nuestros costales, en tu condición de Rey, y nosotros somos humildes siervos y
pecadores, para nada dignos de la salvación que tu Expiración nos brinda, y
sólo tenemos un momento para recordar que somos costaleros porque Tú nos
quieres, y una oportunidad de corroborar que siempre vas sobre el pasocristo de
nuestra vida cuidándonos y protegiéndonos.
Apenas nueve
días quedan, Señor, para meternos en el paso tras rezarle a tu Madre, y dejar
que la emoción nos embargue de nuevo cuando escuchemos tu cruz bajar por el
cajillo y tus pies queden justo a la altura de nuestros ojos. En esa renovada
oración, Señor, rozando nuestros dedos el clavo que te aprisiona al madero, va
toda nuestra vida, el pasado que hemos vivido y el futuro que nos brindas, y te
dejaremos, como agradecimiento por todo lo que tenemos, un año más, la ofrenda
de un costal sobre una trabajadera.
Tempus fugit, Señor de la Expiración,
nueve días apenas,…vamos a que nos perdonen los pecados.
Fuente fotografía: La Locura Cofrade


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