Nueve días...
Queda muy poco Señor, para volver a encontrarnos en esa bendita umbría que son las entrañas de tu paso. En ese reducido espacio, en el que sólo tienen cabida los privilegiados que te llevamos por las calles, toman forma las peticiones, las oraciones, los agradecimientos, las penas y las alegrías, el recuerdo por los que se han ido y la alegría de los que nacen en el seno de nuestras familias, y se meten por los huecos de la parihuela, entre los respiraderos, en el palo de enfrente, para hacértelos llegar cuando llega el instante exacto de la cercanía, la intimidad y el mudo diálogo unificado en cada uno de nosotros, personal e intransferible, para que Tú lo gestiones según valores cada “expediente”. Apenas nueve días nos separan de ese primer momento, oscura la iglesia y en silencio, en el que tus hermanos de uniforme azul y guante blanco, que protege nuestra tierra desde el aire, te acerquen al portentoso paso de Guzmán Bejarano; los priostes te icen sobre las cabezas de los presentes...



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