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Ha escuchado muchos pregones, algunos muy buenos, otros no tanto, pero que suman igualmente en este mundo aparte que es la literatura cofrade. 

De pequeño, ya le gustaba leer todo lo que llegaba a sus manos, y la poesía siempre ocupó un lugar muy importante en su día a día en el instituto, lo que le valió algún reconocimiento en forma de premios literarios menores, en las aulas de su colegio, y por parte de algunos profesores que no lo animaron en su día, pero que luego se sumaron al carro de las alabanzas y le recordaban las clases que le habían dado y que, a buen seguro, le habían permitido llegar allí.

Cuando se metió de lleno en el mundo de las cofradías, procuraba ir a casi todas las presentaciones de carteles, exaltaciones, pregones y demás actos literarios que tienen lugar durante los días de la cuaresma para poder disfrutar de dos de las cosas que más le gustaban, la Semana Santa y las palabras bien elaboradas que tenían por destinatarios las imágenes titulares de las hermandades. Aún hoy, sigue devorándolos en las redes, y dejándose llevar por la poesía de todas las formas y maneras, en cualquier rincón de Andalucía. 

Algunos amigos suyos han sido pregoneros, otros lo van a ser sin tardar mucho, y con todos ha hablado de lo que sintieron en el momento en el que les comunicaron el encargo, incomparable, de pregonar la Semana Santa, o en el que se subieron al atril y dejaron sin aliento al respetable. Todos coincidieron en que es de lo mejor que les había pasado en la vida. 

Él sigue escribiendo, naturalmente, porque le gusta y porque intenta imaginar lo que la gente siente cuando lee sus cosas, o simplemente porque escribir es convertirse en protagonista de una historia distinta cada vez, pero lo que más le gusta es leer lo que los demás escriben, para poder abandonarse en sus escritos, sumergirse en el mar de versos que les dedican a sus hermandades, y disfrutar de todo lo que tienen que ofrecer todos aquellos que se colocan un chaqué, por ejemplo, una mañana de Domingo. Lo mejor de todo es que se emociona, porque ésa es la consecuencia inmediata de las cosas bien hechas, las que llegan al lector y trasmiten, a veces, hasta lo que no se puede transmitir. Ésos son, a su entender de aficionado, los mejores pregoneros y, de todos ellos, los mejores son aquellos que se dan por gente que no sabe que lo son, y se transmiten por otros medios distintos al escrito. Para él, uno de los mejores pregones que se dan en esto de la Semana Santa, es el que dan los capataces antes de que la cuadrilla entre en el templo para llevar el paso. Esos pregones son tan hermosos, tan únicos, tan diferentes, que el día que se plasmen en un libro, va a ser el más vendido de la Semana Santa...No hay pregón más profundo, que el de un capataz hablándole a su cuadrilla...



Fuente fotografía: Lanzada.org

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