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El pasodoble de carnaval de aquella comparsa mítica, decía: "vente conmigo del brazo, vamos a darnos un "vueltazo" por ese casco viejo..." y, él, como buen flâneur del alma misma de su tierra, la toma del brazo, imaginariamente o no, y le da un vueltazo por los rincones que oculta su memoria.

"¡Vamos hija!", le dice, Domingo de sol y ropa nueva, centro de la urbe y olor a primavera, "que te voy a enseñar unas cosas"; y, poco a poco, como hay que disfrutar de las cosas bellas, le va abriendo el libro de aquellos lugares que siempre han sido parte de su vida. 

Misa y almuerzo, sinónimo de último día de la semana en su casa, cuando su madre los vestía y ellos se desaliñaban justo antes de salir por la puerta, que acababan en la calle General Narváez con un lomo con champiñones de Pepe Cámara o, muy cerca de allí, en Martínez Campos, tras una jornada de piscina matinal en Puerta Granada, 7 1º C-D, refrescándose en Las Tinajas y quitándose el golpe de calor que siempre era el Citroên 2CV de su tía a esas horas del estío.

"Ellos, hija, sigue diciendo, han estado ahí siempre"...con su carga de sabores, acompañando sus noches de Reyes a la espera, siempre impaciente, de ir a por los regalos, en ese Agamenón de la esquina de su infancia, como lo han estado tantas tardes de viernes, con su padre, charlando de la vida mientras daban cuenta de una salaílla de jamón con Roquefort y una concha de ensaladilla rusa en aquel Triangulillo en el que, por si no lo sabe la gente, no se podía jugar al fútbol. Ellos, "tan gratos para conversar", le fueron llevando también por los inseguros caminos de su adolescencia y sus amoríos, en esas noches en las que alimentaban más los ojos de la niña que iba a su lado que la tapa de "pan con algo" del estudiante canino, con los bolsillos repletos de hormonas.

"Hija, ellos, ¡cómo no!, también estuvieron, y están, en nuestra Semana Santa"...en tantos relevos que eran una cita obligada (y  puede que necesaria), estando ubicados en sitios estratégicos del recorrido, según el día, en los que esperaba con sus amigos a entrar al paso, o para empezar todo con una copa (mejor un café que no se puede beber antes ni durante una Estación de Penitencia), hablando con su cuadrilla mientras, en ocasiones, se hacían la ropa. De estos recuerda el Patio del Toro en la calle Mesones, La Gran Taberna de Plaza Nueva, el Gregorio, con su ensaladilla rusa...O, antes de todo, en las convivencias, La Tana o el Hoces, donde siempre podía encontrarse a alguien.

Ellos han fraguado tradiciones, algunas jóvenes pero arraigadas, como la de sacar la papeleta de sitio y cenar hamburguesa en San Remo, bajo la sugerente mirada de una jovencísima Marilyn inmortalizada por Erwitt, o un bocadillo en el Aliatar, una tapa en el Ávila, antes de un ensayo o un igualá a pocos metros de allí.

"Hija mía, le cuenta a su pequeña mientras ella mira de un lado a otro, ellos han sido lugar de referencia para quedar y empezar la noche, y luego terminarla"...siendo necesarios e imprescindibles para reparar fuerzas gastadas durante el paso de las cofradías...Bodegas la Mancha, lomo con queso fundido para él y salmón con aguacate para ella. El flamenquín grande y el san Francisco, otra vez Aliatar, pero esta vez el de la bocacalle entre Salamanca y Príncipe, cuando Bib-rrambla era todavía carrera oficial. El perrito de Bodegas san Antón, requeté y cerveza rápida en las Castañeda, que viene la Virgen y no nos da lugar y, siempre, siempre, el mejor recuerdo, hija, para la Bodega Andaluza, avituallándose para el encierro de la Cena más bonita de Andalucía. 

En cuaresma, el bar de la Calle Pan, no recuerda el nombre, algo como de rey de la Selva, cuando los Viernes de las Lolas la música de su barrio, que es la del Señor, sonaba por todas las callejuelas adyacentes, o tantas veces en el Collejo, o en el Braserito, el primero, el del Campo del Príncipe, con sus tapas en la terraza cualquiera  de esas cuarenta noches que siempre preceden a la gloria misma.  

Recuerda, y así se lo dice a su hija en este especial recorrido entre lo que fue y lo que todavía es, aquellos bocadillos de lomo del barecito de la calle Campo Verde, que alguna vez que otra le devolvieron el resuello a los costaleros sin relevo de su Virgen. Siempre, tras unos cultos, a la espera de una noche especial con Ella, antes de ver hermandades...ellos han estado allí, como aquel había frente al puente Cabrera y donde esperaba con su madre, y sus hermanos a que bajara el Silencio, o los churros del Café Fútbol después de verlo. Asun y Luis, en su Chicotá, cuando las hermandades paraban en la puerta y no se cabía, ni dentro ni fuera. Tabernáculo, Rincón del Cofrade (o de Vicente) y otros tantos que fueron, son y serán el mejor sitio para pasar un rato entre amigos.

Todos distintos, todos especiales, todos suyos...y por todos va pasando con su hija, hasta llegar a este momento en el que están esperando a que pase la Reina de Plaza Nueva, para ir a tomarse después algo fresquito en el León, ahora se ha acordado del nombre, en Martes Santo, que es el mejor día para ir, como todo granadino sabe, porque ese día se está allí muy tranquilo...

Fuente fotografía: restaurantguru

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