24...
Fácil el itinerario
desde una llaga a otra llaga.
El corazón nos amaga
al contemplar tu Calvario
con su fatal corolario.
Por más que el tiempo le pesa
y que el pecado le apresa
siempre regresa ligero
porque Tú, Dios Verdadero,
eres perdón que no cesa.
desde una llaga a otra llaga.
El corazón nos amaga
al contemplar tu Calvario
con su fatal corolario.
Por más que el tiempo le pesa
y que el pecado le apresa
siempre regresa ligero
porque Tú, Dios Verdadero,
eres perdón que no cesa.
Busca en tu rostro respuestas
a las dudas de la fe
que le surgen al que cree
cuando su vida está expuesta.
Se presenta con la encuesta
(un cuestionario mundano)
y, de tus pies a tus manos,
tus heridas le silencian
descubriendo las carencias
que tiene como cristiano.
a las dudas de la fe
que le surgen al que cree
cuando su vida está expuesta.
Se presenta con la encuesta
(un cuestionario mundano)
y, de tus pies a tus manos,
tus heridas le silencian
descubriendo las carencias
que tiene como cristiano.
Señor de la cruz de plata,
Protector de esa Garnata,
de musulmana ascendencia,
que asumes la penitencia
de la humanidad ingrata.
Viene con su mente obtusa,
con su labor inconclusa
a exigir no sé qué pago,
mas, al fin y al cabo, es vago,
y le surgen mil excusas.
Protector de esa Garnata,
de musulmana ascendencia,
que asumes la penitencia
de la humanidad ingrata.
Viene con su mente obtusa,
con su labor inconclusa
a exigir no sé qué pago,
mas, al fin y al cabo, es vago,
y le surgen mil excusas.
No comprende tu postura.
No importa la envergadura
del mal que te haya causado,
le devuelves perdonado
y los males se los curas.
Siendo tan grave la afrenta
con que acude, siempre, a verte,
parece no conmoverte
lo que su alma presenta.
Nunca cae, él, en la cuenta
No importa la envergadura
del mal que te haya causado,
le devuelves perdonado
y los males se los curas.
Siendo tan grave la afrenta
con que acude, siempre, a verte,
parece no conmoverte
lo que su alma presenta.
Nunca cae, él, en la cuenta
de que, aunque te cause daño,
no le excluyes del rebaño
y le ofreces tu consuelo.
Él, que ocasiona tu duelo.
Tú, Verdad de sus engaños.
no le excluyes del rebaño
y le ofreces tu consuelo.
Él, que ocasiona tu duelo.
Tú, Verdad de sus engaños.
Acepta, pues, que es tu sino
¡oh, Protector Agustino!
perdonar sin ver razones,
mientras le ofreces tus dones
en la Cruz de tu destino.
¡oh, Protector Agustino!
perdonar sin ver razones,
mientras le ofreces tus dones
en la Cruz de tu destino.
Así que, Señor, Tú ganas:
por esa desigualdad
(él, pecado, Tú, piedad)
con la que su fe resanas,
él te abre las ventanas,
para que le entre tu luz,
rezándote en andaluz.
Aunque es poco para tanto,
siempre ofrece el Lunes Santo
con su túnica,...y su cruz.
por esa desigualdad
(él, pecado, Tú, piedad)
con la que su fe resanas,
él te abre las ventanas,
para que le entre tu luz,
rezándote en andaluz.
Aunque es poco para tanto,
siempre ofrece el Lunes Santo
con su túnica,...y su cruz.
Fuente fotografía: Hermandad de san Agustín.



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