El pregón que no escribiera...32
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n la vieja Carrera tantas veces
recorrida
me viene un recuerdo de un lunes diferente.
Una puerta pequeña, de un convento ya extinto,
una tarde soleada. En la puerta de enfrente,
tras cuyos muros ya descansa la Sentencia,
me apoyo siendo joven, flequillo despeinado,
y una blazer ajada, tan vieja como la
calle.
El sol da de lleno en la longeva fachada
y compite, en exceso, con la blancura que sale
de los hábitos pulcros de aquella cofradía
que, aun siendo la misma, parece que es otra.
Era un paso pequeño, ajustado a la puerta;
las caídas bordadas de su palio salmón
cobijaban la Virgen que tuviera en su ajuar
un antiguo vestido que vistiera mi abuela.
Los Dolores los mismos, aunque otra
la escena,
los sonidos ausentes de las voces que fueron,
la salida, costosa, de cuadrilla ochentera,
pantalones vaqueros y zapatillas de esparto,
que en los años dos mil aun siguen viniendo
al mirar este palio de mayores hechuras,
al cerebro que intenta compensar las imágenes.
Distinto es el aire del palio que lleva,
bordados en oro los versos antiguos,
la banda es la suya y toca lo mismo,
el sol da de lleno en la puerta y la torre
las campanas repican cuando sale la Virgen,
y el tiempo nos juega desleales pasadas.
Hoy es Lunes, ¿de siempre?, a la vera del Darro,
en este siglo nuestro que el tiempo detiene,
y al echarse a la calle, de nuevo, su palio,
evoco los años de mi lejana niñez
y a la Virgen, saliendo, de aquel san Bernardo.
Fuente Fotografía: La Locura Cofrade



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