El pregón que no escribiera...28

 

Otra vez, el Realejo, y los años de infancia.
otra vez, adoquines, por los que he recorrido
los senderos del tiempo rebuscando la vida,
los abrazos de amigos y, de amigas, los besos.

Otra vez en la puerta que, de blanco, me viera,
mañanita de Mayo, Comunión, Primavera;
otra vez la nostalgia que habla en susurros,
a través de las fotos que, otra vez, la renuevan.

Compañeros de cole, profesora de mates
que le diera la vida a aquel costalero
que viviera los martes sobre el tacto suave
de la túnica antigua de primeros momentos.

Ha salido a su barrio, con la caña en la mano,
la Humildad del Señor mientras calla la plaza.
El sayón se arrodilla, haciéndole burla,
mientras otro lo hiere con su horrenda mirada,
y la vida se cuenta en marchas de antaño,
esperando otro paso que, a hombros, viniera,
y uno ojos de niño, sin juzgar, lo miraban.

La Virgen va sola en su paso caoba,
la cruz, que se mece, nos narra el destino
del Señor, que delante, al son de su banda,
va diciendo a Granada, elegante y solemne,
la verdad de la fe de costero a costero.

Otra vez, el Realejo, y su Semana Santa,
otra vez esa calle y, el Señor, que regresa,
otra vez, Soledad, rezagada se queda,
otra vez, este sino, su pecho desgarra
otra vez, ni Granada le calma la pena,
que le asalta, otra vez, cuando llega ese Martes
y, aunque todo sea fiesta alrededor de su paso,
rodeada de gente, se siente muy sola.

Otra vez, ya resuena, la voz del martillo,
otra vez se levanta y camina su llanto,
otra vez, mi colegio, otra vez Martes Santo,
Otra vez, este hombre, se vuelve a hacer niño.

Fuente Fotografía: La Locura Cofrade

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