Mi barrio en una foto...
Mi barrio me asalta a cada
instante, sin avisar, como todo lo inesperado, con ese sabor de sorpresa que halaga
y que cautiva, llevándome siempre a dónde él quiere llevarme, usando para ellos
los medios que tiene a su alcance, que suelen ser los que más horadan el alma.
A cada paso que doy por sus
calles, sus paredes me llaman por mi nombre y la forma que tiene el sol de acariciar
las fachadas me dice la hora exacta que es, sin posibilidad de error, de tantas
veces como he visto avanzar las horas en su espejo de ladrillo y ventanales
desde un sillón en alguna habitación perdida.
Mi barrio tiene sus voces, pero
son silenciosas, y lanzan su pregón desde los comercios por los que deambulaba
de niño, de adolescente, y que hoy sólo son vestigios del barrio que fue, pero
que sigue intacto en mi memoria. El aroma de los churros, la carnicería, la
frutería, el bar donde nos esperaban al anochecer y desde el que llamaban a
casa por teléfono, la panadería,…siguen vivos en mí, inundando mis oídos, a
pesar del tiempo transcurrido, los timbres de voz de los dependientes, hombres
y mujeres del barrio, que más que un producto vendían confidencias y que se
veían afectados o alegres, según el caso, por los reveses que nos iba dando la
vida.
En mi barrio ya no viven los de entonces,
ya no se juega en las plazoletas, no se estudia en los viejos despachos, ni te
dan los besos las personas que antes te los daban, pero siguen ahí, sentadas en
las escaleras de la puerta de su casa, antiguas casas de barrio que, con la
destrucción de las últimas, han transformado la esencia del mismo,
convirtiéndolo en otro más, aunque sea el de siempre, porque el nombre de las
calles así me lo dice, como lo dice mi nombre en cada una las esquinas que
doblo.
Es inevitable, cuando llega mayo,
recordar las viejas cruces que formaban los vecinos. Es inevitable, en Navidad,
recordar la compra de mantecados, del pavo para la Nochebuena, y el frío del
balcón en la noche de Reyes, recordar los domingos de misa en la parroquia,
donde el Que Manda en el barrio empezaba a regir mi destino, a su manera, y me
sigue sorprendiendo que todo esto que escribo, vuelva a revivir de principio a
fin, con todo lujo de detalles, cuando llega cualquier gesto, cualquier acción,
que me lleva a mi barrio por cualquier motivo, como en esta ocasión, en que una
amiga me manda esto, que no sé si es una foto de mi barrio, o mi barrio en una
foto…
Fuente fotografía: María Vega



Comentarios
Publicar un comentario